El aislamiento social frente a la conciencia comunitaria de los pueblos indígenas

11/06/2020
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Bolívar Yantalema

Las actuaciones de las poblaciones comunitarias provenientes de los pueblos indígenas, asentadas especialmente en los sectores rurales siempre, han estado irrigadas por la conciencia comunitaria que implica la manifestación permanente de vida del “compartir” o de la reciprocidad, es decir la actitud de compartir desde la misma mano de obra en los trabajos comunitarios y/o familiares, de los elementos vitales como los productos alimenticios, el agua, la propia espiritualidad, los elementos culturales, los espacios y tiempos de planificación, los espacios y tiempos para expresar sus inconformidades ante las vulneraciones de los derechos colectivos e individuales. Dicha forma de convivencia simbiótica, esa manifestación objetiva y subjetiva de la conciencia comunitaria, con la presencia de la pandemia del COVID 19, se ha puesto a prueba.

Al decir se ha puesto a prueba; me refiero, a que frente al actual estado situacional de vida en el que con o sin norma, nos vemos obligados a aislarnos, distanciarnos socialmente, inclusive de los seres más queridos de la familia nuclear, como son los mismos abuelitos, padres, madres, hermanos, hermanas, porque de no hacerlo, se incrementan las probabilidades de contagio del denominado coronavirus y por tanto el riesgo de muerte de uno mismo y de los demás y más aún cuando se ha confirmado que alguien padece de dicha enfermedad, resulta mayor el distanciamiento. Entonces, en teoría, estamos conminados a actuar y a comportarnos suscitados desde una conciencia individualista, donde la prioridad primera sobre toda las situaciones habidas y por haber, es la lucha individual por la sobrevivencia.

Sin embargo, a sabiendas de este estado situacional, las comunidades indígenas especialmente de la provincia de Chimborazo, suscitados por la conciencia comunitaria, rápidamente diseñaron y asumieron estrategias del compartir y de reciprocidad, salieron comisiones de manera organizada, hombres y mujeres a recoger hierbas amargas y dulces entre ellas el eucalipto, santa maría, ruda, marco, manzanilla, tipo, menta, ortiga, entre otros y enviaron toneladas de estas verduras principalmente a Guayaquil, ciudad a la que mayormente por situaciones de trabajo, han migrado sus familiares y otros provenientes de sus comunidades, ciudad que estaba y sigue siendo el mayor foco de contagio del coronavirus,

Esta acción del compartir y de reciprocidad, asumida desde el sentir, desde la iniciativa propia de las comunidades indígenas, como una estrategia de gestión comunitaria de contingencias, se efectuó, para paliar el ataque del enemigo invisible el coronavirus, a través de la sabiduría ancestral de la “INFUSIÓN” y de la vaporización u “OSMOTERAPIA”, con plantas expectorantes que a lo largo de la vida han venido utilizando para desbloquear de forma natural las vías respiratorias en acasos de resfríos y/o alergias, 

En esta activación del compartir y de reciprocidad, jugó un papel muy importante el Movimiento Indígena del Pueblo Kichwa de la Costa Ecuatoriana MOPKICE, una organización social liderado por Hugo Lema Caranqui, conjuntamente con la Federación de Indígenas Evangélicos del Litoral (FIEL), lograron articular acciones principalmente con el Municipio de Colta y algunas organizaciones comunitarias de la provincia de Chimborazo y de Bolívar, para que enviaran grandes camiones y volquetes de plantas expectorantes a Guayaquil, este cargamento fue distribuido en primera instancia a las ciudadelas, cooperativas e iglesias evangélicas, donde mayormente residen los migrantes indígenas; allí, los pastores y dirigentes hicieron pequeñas cargas y distribuyeron de casa en casa fundamentalmente a los migrantes kichwa filiales de estas organizaciones, así como también a otros ciudadanos de escasos recursos.

Según la versión de una congraciada abogada kichwa, que prefiere llamarse simplemente, “Pakari Tamya”, quien salió victoriosa de la lucha por la sobrevivencia contra el coronavirus, ante la llegada de los primeros cargamentos de eucalipto enviado por las comunidades de la sierra; las nuevas generaciones, los nacidos de padres migrantes indígenas de Guayaquil, se vieron perplejos y confundidos al no comprender el objetivo implícito de la llegada de esta planta,  por un momento pensaron que podrían ser usados para hacer limpias; sin embargo, con la ayuda de los más antiguos que aún mantienen viva su herencia patrimonial del uso del eucalipto, rápidamente comprendieron que las infusiones y vaporizaciones con esta planta, se convertiría en la principal arma para encarar al enemigo invisible que estaba diezmando la vida de muchas personas en Guayaquil.

Con la llegada de estas plantas, sigilosamente cambió la prioridad de búsqueda de apoyo por la sobrevivencia en los hospitales, por la revalorización y aplicación de la infusión, osmoterapia y baños en agua de eucalipto y marco, como una estrategia contingencial de la sabiduría ancestral aplicada en sus propios domicilios; para lo cual, inclusive improvisaron la confección de vaporizadores caseros con sus propias ollas, pedazos de manguera y otros elementos adaptados, de esta manera se fortaleció la lucha por la sobrevivencia colectiva con muy buenos resultados, a través de manifestaciones concretas de la conciencia comunitaria.

En la actualidad los indígenas de la sierra y principalmente los migrantes del Guayas han convertido al eucalipto en una especie de talismán o planta sagrada, colocan hojas semimachacadas en las mascarillas, las llevan consigo para refregar en sus manos y absorber periódicamente su aroma, en lugares estratégicos de las viviendas no falta un ramillete de eucalipto, algunos inclusive lo mastican como lo hacían las antiguas culturas del sur con la mama coca.

Como sabemos en Guayaquil se produjeron muertes repentinas de muchos indígenas migrantes, por causa o sospecha de corona virus y ante la inminente probabilidad de contagio y la incertidumbre de no saber dónde acudir para gestionar la correspondiente autorización para dar sepultura de forma adecuada, cuyos cuerpos se mantenían en los propios domicilios por varios días, sin que ninguna autoridad realizara el levantamiento de sus cadáveres.

Ante esta situación caótica, la MOPKICE se vio en la necesidad urgente de levantar denuncias fundamentadas ante la dependencia de derechos humanos en Guayaquil, logrando respuestas inmediatas de parte de las autoridades; esta organización continúa vigilante y desarrollando acciones constantes para que los derechos principalmente de los indígenas migrantes del Guayas y Galápagos no sean vulnerados durante esta crisis, gestión a la cual se ha unido también la Asociación de Abogados  de Pueblos y Nacionalidades Indígenas de la Costa y Galápagos, que a más de asesorar en temas legales, han emprendido un acompañamiento psicológico a las personas contagiadas por el coronavirus, mediante reuniones por la plataforma zoom u otros medios virtuales, a fin de levantar el auto estima y evitar que caigan en depresión ante el sentimiento de soledad e incertidumbre de recuperación de los pacientes.

Por su parte, la Fundación Tabernáculo de los Milagros, liderado por el pastor Pablo Alcocer Caicho, e integrado por otros indígenas seguidores de esta corriente de cristianismo, desde los primeros días de la declaratoria del estado de emergencia en el país por causa del corona virus, empezó a repartir miles de kits de productos de primera necesidad traídos desde la sierra, de Chimborazo, Tungurahua e Imbabura, a favor de pobladores de los barrios más pobres de Guayaquil entre los cuales también se incluyeron a algunos policías y militares.

La acción de compartir de la Iglesia Tabernáculo de los Milagros de Guayaquil, con sedes también en otros países, no ha concluido, al momento, mediante la aplicación de protocolos y logística necesaria, está abasteciendo de almuerzos dignos a una gran cantidad de personas de sectores vulnerables que no tienen recursos para alimentarse durante el aislamiento domiciliario. Se conoce que la mencionada fundación está preparándose para poner en marcha caravanas médicas para atender inclusive en otras provincias con la presencia de médicos voluntarios extranjeros.

En la misma línea, cabe resaltar la acción de compartir desplegada por el Movimiento de Organizaciones Sociales, Pueblos y Nacionalidades de la Costa (MOSPUNAC), una organización fraterna de MOPKICE, integrada y liderada por empresarios indígenas, profesionales y no profesionales, propietarios de cadenas de farmacias, edificios, canchas sintéticas y de otros emprendimientos relevantes en Guayaquil, ante la escasez y la elevación desmedida de costos, básicamente de las hortalizas que dejaron de llegar de la sierra en el inicio de la emergencia a los mercados de Guayaquil. Fue esta la primera organización que tomó la iniciativa de traer dichos productos desde la sierra y repartir de casa en casa a las familias migrantes indígenas que se encontraban en aislamiento obligatorio domiciliario. Esta acción levantó el autoestima de los migrantes indígenas, al sentirse que no estaban solos y se convirtió en una motivación para que otras organizaciones también sigan el ejemplo.

La sabiduría ancestral no tardó en aflorar también en las ciudades, rápidamente en los mercados populares como el de San Roque en la ciudad de Quito y en otras ciudades, desde los primeros días del mes de marzo, las vendedoras de hierbas aromáticas, incluyeron entre sus productos de venta, ramas de eucalipto como una de las principales plantas para hacer frente el corona virus, hojas que antes de esta pandemia no eran comercializadas.

Por su parte, los gobiernos seccionales principalmente presididos por prefectos y alcaldes provenientes de comunidades indígenas, frente a la necesidad de aseguramiento del derecho a la alimentación de muchos ciudadanos conminados al aislamiento obligatorio, revivieron estrategias del ya casi desaparecido trueque, a través del cual se intercambia productos y medicamentos naturales de la sierra con los de la costa.

Cabe dejar en claro, que las acciones descritas anteriormente, no fueron aceptadas formalmente por la Organización Mundial de la Salud, ni por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) Nacional, responsable de promover y mantener la coordinación y la operación conjunta entre los diferentes niveles, jurisdicciones y funciones de las instituciones involucradas en el manejo y atención de emergencias y desastres en el país; tampoco los medios de comunicación le han dado la importancia y cobertura que esta acción ancestral de reciprocidad merece.

Dentro de este contexto, particularmente las acciones comunitarias contingenciales de la osmoterapia, en vez de tener el respaldo o el reconocimiento de los organismos mundiales como  la OMS y de la AFP Factual (Agencia de Prensa Francesa), merecieron opiniones tibias y hasta se pueden entender como relativizaciones y prohibiciones respectivamente en los siguientes términos “aunque algunos remedios occidentales, tradicionales o caseros pueden proporcionar confort y aliviar los síntomas de la COVID-19, no hay pruebas de que los medicamentos actuales puedan prevenir o curar la enfermedad”, “El tratamiento que propone utilizar vapores de ciprés y eucalipto para frenar al COVID-19 no tiene sustento científico[1].

Estas expresiones, ratifican que si no son acciones o estrategias desde la iniciativa de los poderes dominantes o desde el Estado, estas deben ser desvaloradas y de ser posible eliminadas, con el argumento de que no son oficiales ni son legales, a este respecto cabe señalar que “no siempre lo legal puede ser considerado como legítimo y viceversa”, o acaso que a nombre de lo legal no han sentenciado a mucha gente inocente, o no se han cometido verdaderos genocidios en nombre de Dios y de la Ley; con esto parece que quisieran decir “quédense en casa, esperen sentados la muerte, porque eso es legal y oficial”.

itu, mayo 19 de 2020

Fuentes:


[1] https://mvsnoticias.com/noticias/mitos-covid-19/falso-cipres-y-eucalipto-evitan-que-covid-19-llegue-a-pulmones/

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